La silla de plástico tipo Monobloc está presente en todo el mundo, pero en México se ha convertido en una pieza central de la vida en la calle: frente a las tienditas, en las taquerías y en cualquier fiesta. Su diseño se atribuye al ingeniero francés Henry Massonnet, quien la creó en 1972.
Para el sociólogo Armando Cisneros, de la UAM-Azcapotzalco, los objetos no solo sirven a las comunidades, también las definen. Explica que las virtudes de esta silla, barata y muy resistente, ayudan a dar forma a la vida callejera y a lo que llama una «cultura del descanso»: donde hay comercio o conversación, aparece un lugar para sentarse.
Por su parte, el sociólogo Mario Ortiz Murillo, de la UNAM, señala que la silla sirve por igual a ricos y pobres, porque todos se cansan. Además, dice, no solo sostiene peso, también ocupa espacio: amarrada a un poste aparta un lugar en la banqueta y apilada en una camioneta se convierte en una taquería improvisada.