La escritora y fotógrafa Bel Woodhouse, que vive desde hace más de siete años en el Caribe mexicano, retomó el dibujo tras 30 años sin hacerlo, inspirada por la naturaleza del país. Todo comenzó con una vaina de semilla escarlata que encontró a sus pies; dos años y medio después, está por terminar su tercer cuaderno de bocetos.
Sus páginas reúnen hojas enormes, flores silvestres y frutos comestibles como el tejocote, el mamey y el nance, además de semillas de todas formas y los polinizadores que los visitan: mariposas, abejas verdes metálicas y escarabajos. También se ha apasionado por las propiedades medicinales de las plantas nativas.
Dibuja con bolígrafo negro, marcadores de punta fina, lápices de acuarela y pinturas, sobre papeles de distintos colores. En una ocasión, mientras dibujaba una pasiflora, observó en apenas 20 minutos el ciclo de vida completo de una mariposa en una sola enredadera.